Gino Bartali, el ídolo del ciclismo Italiano

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Cuando se produjo la invasión de las fuerzas nazis  a Italia en septiembre de 1943, se limitó severamente el movimiento de sus habitantes por todo el territorio. Pero la nueva legislación nazi fascista no representó un inconveniente para Gino Bartali, eximio ciclista, que continuó transitando cientos y cientos de kilómetros sobre su bicicleta, sin ser molestado por los soldados alemanes e italianos, dado su prestigio y su fama.

Había nacido el 18 de julio de 1914 en Ponte a Ema, Florencia; era hijo de una familia pobre, y desde los doce años se inició en el deporte del ciclismo. En los años 1936 y 1937 ganó el famoso “Giro de Italia” y era considerado uno de los mejores ciclistas del mundo.  Fue un gran rival de otro brillante ciclista, Fausto Coppi y ambos competían por ser el mejor en la disciplina deportiva. El estallido de la Segunda Guerra Mundial representó para Bartali un severo golpe, ya que se encontraba en la plenitud de su brillante carrera deportiva.

Aunque no lo expresara públicamente, Bartali, que  era un católico observante, se opuso al régimen de Benito Mussolini. El Duce le había prohibido participar en el Giro italiano en el año 1938 para que pudiera prepararse y ganar el “Tour de France”, y así poder engalanar el nombre del dictador italiano en el exterior. Cumplió con su misión, venció el Tour, pero evitó dedicar el triunfo al líder; como represalia, al año siguiente se le prohibió tomar parte en la competencia francesa. Al estallar la guerra, Bartali siguió compitiendo, pero el desarrollo de la conflagración bélica lo obligó a suspender su actividad deportiva.

Durante la guerra renovó su vínculo con Giacomo Goldenberg, un vecino judío que llegó a Italia con su familia desde el Este europeo. La situación de los judíos italianos se agravó seriamente con la invasión alemana; muchos fueron confinados a campos de concentración y otros fueron asesinados. La familia Goldenberg, un matrimonio con dos hijos, fueron escondidos por Bartali en el sótano de su casa y lograron sobrevivir a la guerra.

Pero Bartali no se conformó solo con esta ayuda.  Durante años mantuvo una fuerte amistad con el Arzobispo de Florencia, Angelo Dalla Costa, y con el rabino de la misma ciudad, Nathan Cassuto, quienes crearon una red clandestina que tenía como objetivo rescatar a los judíos y ponerlos a salvo.

Con la excusa que debía entrenarse para estar en forma en las competencias, aprovechó para viajar con su bicicleta de Florencia a Asis, sede episcopal, sin despertar sospechas. Durante dos años, 1943 y 1944, llevó debajo del asiento de su bicicleta toda la documentación necesaria, fotos y papeles, que servirían para imprimir los documentos, principalmente de aquellos judíos que ansiaban emigrar a Suiza y quedar a salvo del exterminio nazi.  Alrededor de ochocientos judíos lograron salvarse gracias a sus “viajes”. 

Bartali puso en peligro su vida y la de su familia.  Era casado y en ese entonces, padre del pequeño Andrea. En esos años, ayudar a los judíos era considerado un acto de traición; sabía que si lo atrapaban, lo iban a juzgar, torturar o ejecutar. En 1944 fue interrogado por la policía secreta, famosa por su crueldad, pero gracias a la ayuda de conocidos logró ser liberado.

Al concluir la guerra, Bartali volvió a su amado deporte; con 31 años renovó su carrera y a pesar de la veteranía obtuvo importantes palmarés: en 1948 logró su segundo Tour de France. En 1954 abandonó definitivamente el ciclismo, con un impresionante record: en toda su vida deportiva obtuvo 91 victorias.

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